Existe en Plaza Molina un lugar de recogimiento y meditación para los habitantes de Little Spain, unos bancos desde los que puede observarse un añejo anuncio de Centenario Terry pintado en la fachada de uno de los edificios de la plaza. Su visión acaricia el alma recordando aquellas imágenes de la bellísima Nico montando un caballo blanco en las marismas gaditanas. Todavía puedo oír el rasgueo de guitarra que acompañaba al anuncio televisivo, mientras una voz cazallera musitaba: “Terry me va, usted sí que sabe.”
La otra noche para dar énfasis a la ceremonia me apreté unas copas de brandy Centenario antes de sentarme en mi banco preferido frente al anuncio. Meditaba sobre su procesamiento a partir de holandas destiladas del manchego airén, su reposo en barricas centenarias vinificadas con jerez, su goloso aroma a miel y madera ahumada, cuando me pareció escuchar la voz del Chaqueta por cantiñas. Siendo este palo poco frecuente y menos en la voz del Chaqueta, pensé en una alucinación auditiva. Llevo dos días a base de Vichy.

